La importancia de los cambios

Me llama la atención la paradoja existente entre la llamada al cambio desde diferentes sectores de la sociedad y el “cuasi” inmovilismo existente en las esferas de poder. Desde mi fuero interno es algo que he reivindicado creo que desde que fui consciente de que existía, comenzando por mi familia, el colegio, los amigos, el trabajo hasta el mundo mundial. Hasta hacerlo parte de mí y de mi trabajo.

Leo en muchísimos lugares todo tipo de argumentos muy válidos que refrendan la necesidad de cambio en a, b, c, o d, pero, sin embargo, me sorprende que normalmente los cambios no se realizan hasta que no se tiene más remedio. No sé si es algo innato al ser humano, al ser humano español en concreto, pero lo cierto es que desde que se promueve el cambio hasta que se lleva a cabo desde mi humilde entender pasa demasiado tiempo. En muchos casos uno llega a aceptar la situación o circunstancias para las que promueve el cambio, en otros las cosas cambian porque sí, no por nada en especial. En las empresas grandes se están llevando a cabo programas para gestionar el cambio que tienen más que ver con tendencias de recursos humanos o de gestión o con cambios en los gustos de los consumidores más que con cambios profundos relacionados con la humanización de la empresa y por ende la mejora de la productividad.

Leyendo el periódico y me encontré con un brillante comentario sobre el cambio de partido político de una conocida diputada ferviente defensora del cambio y la honradez. La noticia causó una revolución entre sus detractores y sus nuevos compañeros de partido. Ha sido muy comentado con y sin razón. Pero lo que más me ha llamado la atención es cómo vivimos el cambio. Lo que más me ha gustado ha sido la reflexión que el articulista ha escrito refiriéndose al cambio, algo con lo que no puedo estar más de acuerdo:  “lo que aquí está muy mal visto es cambiar en general”. Esta reflexión es tan acertada porque da en la clave de lo que impide que el país avance y mejore. Está tan asentada en nuestra idiosincrasia que hace que nuestras ideas acerca de la vida en general y de cómo puede ser la nuestra en particular sean perennes en lugar de caducas. Ello nos lleva a perpetuar en el poder bien político, empresarial o bien de la comunidad de vecinos determinados comportamientos con los que no estamos para nada de acuerdo. Creo que esta clave unida al miedo que nos causa que promover el cambio pueda afectarnos hace que a pesar de desearlo no avancemos. Como continúa el artículo: “como decía Guerra, aquí el que se mueve cría malvas”.

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